Centroamérica avanza con pasos firmes hacia la consolidación de un hub de energía renovable. La región ha diversificado su matriz energética con proyectos solares, eólicos e hidroeléctricos, atrayendo inversiones y fomentando la autosuficiencia energética. Países como Panamá, Costa Rica y Guatemala lideran este crecimiento, impulsados por actores clave del sector público y privado.
Proyectos de energía renovable en Centroamérica
El panorama de la energía renovable en Centroamérica ha evolucionado rápidamente gracias a políticas de inversión, financiamiento internacional y un compromiso por la sostenibilidad. Algunos hitos en la región incluyen:
- Panamá: con 73 proyectos en desarrollo que suman 4,393 MW, el país se consolida como líder regional. Empresas como Enel Panamá y AES Panamá han impulsado parques solares y eólicos para diversificar la generación eléctrica. Además, su participación en el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC) le permite exportar energía a naciones vecinas.
- Costa Rica: Su compromiso con las energías limpias es evidente con 1,390 MW en nuevos proyectos. La Institución Costarricense de Electricidad (ICE) y Enel Green Power han liderado inversiones en hidroeléctricas y parques solares, fortaleciendo su matriz energética.
- Guatemala: Con 49 proyectos y 1,879 MW en desarrollo, el país apuesta por una transición energética sostenible. Destaca la planta Horus Energy, la más grande de Centroamérica, con una capacidad instalada de 110 MW y una producción anual de 200 GWh, suficiente para abastecer a 60,000 hogares.
El impacto de la energía renovable en la región
El crecimiento de la energía renovable en Centroamérica está transformando la economía y la sostenibilidad ambiental. Países como El Salvador y Honduras han fortalecido su capacidad renovable, con objetivos de alcanzar un 70% de generación limpia en la próxima década. Mientras tanto, Nicaragua implementa un marco legal favorable para atraer inversión extranjera y desarrollar nuevos proyectos solares y eólicos.
El impacto de estas iniciativas se traduce en mayor eficiencia energética y en beneficios económicos y sociales. La reducción de costos eléctricos, la generación de empleo en comunidades locales y la disminución de emisiones de carbono posicionan a la región como un referente en sostenibilidad.